A lo largo de los siglos XIX y
XX, la actividad humana ha transformado la composición química
del agua y del aire en la Tierra, ha modificado la faz del propio planeta y ha alterado
la vida misma. ¿Por qué este periodo de tiempo, más que ningún otro, ha generado
cambios tan generalizados en el entorno? Las razones son múltiples y complejas.
Pero sin lugar a dudas, uno de los factores más notables es la utilizaciónde
los combustibles fósiles, que ha suministrado mucha más energía a una población mucho
mayor que en cualquier época anterior.
Hacia
1990, la humanidad utilizaba una cantidad de energía 80 veces superior a la que saba
en 1800. La mayor parte de dicha energía procedía de los combustibles fósiles. La
disponibilidad y capacidad de uso de esta nueva fuente de energía ha permitido
a la humanidad aumentar los volúmenes de producción y de consumo.
Todas
estas tendencias están relacionadas entre sí, colaborando cada una de ellas al
desarrollo
de las otras y configurando todas ellas la evolución de la sociedad humana en
la edad contemporánea. Estas tendencias de crecimiento han replanteado las relaciones
entre el hombre y el resto de los habitantes de la Tierra.La humanidad ha conseguido provocar cambios profundos en la atmósfera, el agua, en suelo, la vegetación y los animales. Provistos de combustibles fósiles, los humanos han
alterado el entorno natural de forma como nunca lo habían hecho en épocas
preindustriales, provocando, por ejemplo, la devastación de hábitats y fauna y flora
naturales a través de los vertidos de petróleo.
El hombre ha podido provocar los cambios
medioambientales de forma mucho más rápida acelerando antiguas actividades como la deforestación.



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